PRÓLOGO
Un nuevo principio
Por Octavio Islas Carmona


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A finales del siglo XIX, en algunas escuelas de los Estados Unidos ya se impartían asignaturas relacionadas con el estudio del periodismo. A comienzos del siglo XX, Joseph Pulitzer, el célebre empresario de la industria de la información estadounidense, y quien por sus actividades comerciales estaba profundamente interesado en desarrollar profesionalmente a la industria periodística, realizó las negociaciones necesarias ante las autoridades de la Universidad de Columbia, en Nueva York, para elevar el periodismo al rango de una disciplina superior.

De acuerdo con el destacado investigador peruano Juan Gargurevich (1999: 96), en 1934 fue fundada en La Plata, Argentina, la primera escuela que impartió estudios de periodismo en América Latina. Quince años después -en 1949- fue fundada en la Ciudad de México la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, la primera en impartir la licenciatura en periodismo en México. Dos años después -en 1951-, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) abrió la

licenciatura en periodismo en la entonces Escuela Nacional, hoy la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. En 1954 la Universidad Veracruzana, también universidad pública, empezó a impartir la licenciatura en periodismo.

En el año de 1949 es posible ubicar los primeros antecedentes del ejercicio profesional de las relaciones públicas en México. En ese año Federico Sánchez Fogarty, infatigable pionero y promotor de las relaciones públicas en nuestro país, inauguró la primera agencia dedicada a las relaciones públicas: la Agencia Mexicana de Relaciones Públicas.

En 1960 -once años después-, la Universidad Iberoamericana abrió la primera licenciatura en ciencias y técnicas de información en América Latina. Al respecto la destacada investigadora Fátima Fernández Christlieb (1985:313) afirma:

"1960 es un año clave en los anales de la investigación de la comunicación en México. La evolución de los investigadores y del Estado en este campo, marcha paralelamente a partir de este año. Se abre la primera carrera que con nivel universitario se propone analizar el fenómeno de la comunicación y de la información de masas, contemplando a todos los medios existentes".


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José Villaseñor García, fundador de la carrera de ciencias y técnicas de la información en la Universidad Iberoamericana (Fernández Christlieb, 1997: 94), así describió el perfil deseable del egresado de la licenciatura en comunicación:

"Su misión es comunicar el rico saber acumulado en su mensaje mediante técnicas de difusión, relaciones públicas, publicidad, radio, televisión, cine y periodismo. Controlar esos tremebundos poderes que moldean, como dócil arcilla al hombre contemporáneo".

Al abrir la primera licenciatura en comunicación en América Latina, la Universidad Iberoamericana estableció un referente curricular definitivo en la ruta que habrían de observar la enseñanza y la investigación de las ciencias de la comunicación y/o de la información en la región. A partir de la década de 1960, cientos de universidades en América Latina adoptaron el llamado "modelo polivante", a través del cual quizá se pretendió trascender la autonomía relativa de profesiones y disciplinas próximas a las ciencias de la comunicación -como publicidad, relaciones públicas, periodismo, fotografía, etc.-, subordinándolas a la perspectiva integradora de las ciencias de la comunicación.


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En México las primeras escuelas y universidades que empezaron a empezó a impartir la licenciatura en ciencias y técnicas de la comunicación, se localizaban en las tres principales ciudades: el área metropolitana de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Tal situación admite ser explicada como lógica consecuencia de nuestro agobiante centralismo histórico.

En el año de 1976 -como podremos apreciar en la siguiente tabla-, por lo menos 25 escuelas y universidades públicas y privadas impartían la licenciatura en ciencias de la comunicación o licenciaturas afines.

De acuerdo con el periodista Jesús Pablo Tenorio (1986: 115), el número

estimado de estudiantes de la licenciatura en ciencias de la comunicación o licenciaturas afines, ascendía entonces a 4,126.

Tabla 1 Distribución de las escuelas y universidades que impartían la licenciatura en ciencias de la comunicación, periodismo o licenciaturas afines, por entidad federativa en 1976.

Entidad
Institución Educativa
Licenciatura

Distrito Federal (10).

Escuela de Periodismo Carlos Septién García.

Periodismo.

Universidad Iberoamericana.

Ciencias y técnicas de la información.

Escuela Nacional de Estudios Profesional de Aragón (ENEP- Aragón).

Periodismo y comunicación colectiva.

Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco (UAM).

Ciencias de la comunicación.

Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Periodismo y comunicación colectiva.

Universidad Anáhuac.

Ciencias de la comunicación social.

Universidad Latinoamericana.

Comunicación y relaciones públicas.

Universidad del Tepeyac.

Ciencias y técnicas de la comunicación.

Universidad del Valle de México.

Ciencias de la comunicación.

Universidad Intercontinental.

Ciencias de la comunicación.

Durango (1).

Instituto Superior de Ciencia y Tecnología.

Ciencias de la comunicación.

Guanajuato (1).

Universidad del Bajío.

Periodismo y ciencias de la comunicación.

Jalisco (3).

Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).

Ciencias de la comunicación.

Universidad Autónoma de Guadalajara.

Periodismo y comunicación colectiva.

Instituto Superior del Valle de Atemajac.

Comunicación.

Estado de México (2).

Universidad del Nuevo Mundo.

Comunicación.

Escuela Nacional de Estudios Profesional de Acatlán (ENEP- Acatlán).

Periodismo y comunicación colectiva.

Nuevo León (4).

Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey.

Ciencias de la comunicación.

Universidad Autónoma de Nuevo León.

Periodismo.

Universidad de Monterrey.

Ciencias de la información.

Universidad Regiomontana.

Ciencias de la comunicación.

Sinaloa (2).

Universidad Autónoma de Sinaloa.

Ciencias de la comunicación.

Universidad del Pacífico.

Relaciones públicas.

Tamaulipas (1).

Universidad del Noroeste.

Ciencias de la comunicación.

Veracruz (1).

Universidad Veracruzana.

Periodismo.

Fuente: Jesús Pablo Tenorio: "Las escuelas de periodismo ante la crisis". En Crisis y comunicación en México. IV Encuentro Nacional CONEICC. Tomo II. Marzo de 1986. México. Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación.

Es interesante apreciar que únicamente dos de las 25 escuelas y universidades que fueron consideradas en la tabla anterior -la Universidad Latinoamericana y la Universidad del Pacífico-, manifestaban particular interés por formar profesionales de las relaciones públicas, distinguiéndose de las 23 escuelas restantes, las cuales sólo admitían la posibilidad de impartir la licenciatura en periodismo -pocas-, o la licenciatura en ciencias de la comunicación -la abrumadora mayoría-, con diferencias apenas significativas en los nombres conferidos a las licenciaturas que impartían.

Mientras que en México y en América Latina se incrementaba exponencialmente el número de escuelas y universidades que abrían la licenciatura en ciencias de


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la comunicación, adoptando el llamado "modelo polivante", el crecimiento de escuelas o universidades que abrían licenciaturas en periodismo o en relaciones públicas prácticamente era nulo o en elmejor de los casos incipiente.

Algunos investigadores de la comunicación, como Felipe López Veneroni (1989:25), han señalado que la supremacía del llamado modelo "polivante" fue el origen de algunos de los graves problemas de identidad profesional de los licenciados en ciencias de la comunicación:

"Puesto que no toda la práctica profesional se deriva de, ni corresponde a una formación actual de las llamadas ciencias de la comunicación resulta inadecuada e injusta tanto para quienes quieren dedicarse a la práctica del periodismo, la radio, la televisión, la fotografía o las relaciones públicas, como para quienes procurarían dedicarse, profesionalmente, a la investigación, más allá del análisis sociológico, económico, político o psicológico de los mass media y de sus efectos".


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Es justo reconocer, sin embargo, que la hegemonía del llamado "modelo polivante" respondió a circunstancias históricas bien definidas, destacando la mayor importancia social, política, económica y cultural que a partir de la década de 1960 habían alcanzado los medios de comunicación masiva.

Desafortunadamente en las décadas de 1970 y 1980 prevaleció una especie de sobreideologización de los fenómenos comunicativos en escuelas y universidades que impartían la licenciatura en ciencias de la comunicación.

Es posible afirmar que el estudio de las relaciones públicas, la comunicación organizacional, la publicidad, la investigación sobre las tecnologías de

información y muchos otros temas que hoy perfectamente pueden ser considerados como indispensables en cualquier plan de estudios de licenciaturas en ciencias de la comunicación, entonces fueron menospreciados por no pocos académicos e investigadores.

En el mejor de los casos las referidas asignaturas eran consideradas como "asuntos de menor jerarquía conceptual en la reflexión comunicológica" de aquellos agitados días. En el peor de los casos categóricamente era rechazada su incorporación en los planes de estudios de licenciaturas en comunicación destinadas a formar a "comunicadores críticos".

En algunos casos se llegó al extremo de etiquetar a las relaciones públicas, publicidad y comunicación organizacional como "preocupaciones de orden funcionalista". -¿Entendió bien, camarada?. En el peor de los casos venda usted su fuerza de trabajo, no su conciencia.

La descalificación de todos los esquemas interpretativos que pudieran contradecir las tesis del llamado paradigma del Imperialismo Cultural, particularmente aquellos designados como "funcionalistas" -clasificación que incluso se extendió a la obra del célebre pensador canadiense Marshall McLuhan-, sin duda alguna adquirió el carácter de constante en la enseñanza de las ciencias de la comunicación en tan "revolucionarios" días, como reconoce el destacado investigador español Miquel de Moragas (1997: 28):

"El interés preferente por los aspectos ideológicos de los discursos sociales impidió a muchos analistas comprender la validez de las principales intuiciones de McLuhan respecto de los cambios en los usos de los medios, o respecto de


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las distintas relaciones culturales que pueden establecerse entre los medios y sus receptores".

En la investigación de la comunicación imperaba el "teoricismo" -término propuesto por Daniel Prieto para designar el trabajo teórico improductivo que durante esos años realizaron no pocos académicos e investigadores de la comunicación-. El destacado investigador Enrique Sánchez Ruiz (1994: 35) afirma al respecto:

"(...) se tomaron ciertos dogmas y ciertas verdades absolutas que impedían hacer la investigación concreta. A los investigadores latinoamericanos en los años sesenta y setenta se les olvidaban operar con rigor las teorías, las metodologías y las técnicas de investigación. Entonces elaboraban un discurso muy acabado, a veces con un respaldo factual, pero no dejaba de ser discurso".

Al margen de las adversidades que enfrentaban los egresados de las licenciaturas en ciencias de la comunicación o carreras afines para poder incorporarse al mercado profesional, durante la década de 1990 de nueva cuenta se registró un significativo incremento en el número de escuelas y universidades en México que empezaron a impartir la licenciatura en ciencias de la comunicación o carreras afines, en condiciones similares a las ya descritas por el destacado investigador Daniel Prieto.


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Al respecto, Claudia Benassini Félix, reconocida investigadora de la Universidad Iberoamericana, estimaba que en México, en el año 2001, por lo menos 190 escuelas y universidades ya impartían la licenciatura en ciencias de la comunicación o algunas carreras afines. Como algunas instituciones no se limitan a impartir la licenciatura en ciencias de la comunicación y simultáneamente ofrecen algunas carreras afines, como periodismo, publicidad, fotografía o relaciones públicas -entre otras-, el total de escuelas y universidades en las cuales se imparte la licenciatura en ciencias de la comunicación, carreras afines o programas de posgrado, ascendía a poco más de 250. Entonces el total de estudiantes de la licenciatura en ciencias de la comunicación se estimaba en 50,000, y de acuerdo con las estadísticas relativas a la demanda nacional de educación profesional, esta carrera ocupaba el octavo lugar. Claudia Benassini

(2001: 46) concluye:

"Los datos hasta aquí resumidos cobran relevancia nuevamente a la luz de los planes de estudio. La mayoría de las escuelas de comunicación y afines continúa privilegiando los campos tradicionales para el ejercicio de la profesión, a pesar de que la mayoría están saturados. En consecuencia los egresados han visto disminuidas sus oportunidades de empleo o bien, los espacios considerados como nuevos en su momento -y muchas veces los tradicionales- se ocupan de manera creciente por egresados de Licenciaturas a veces afines y a veces incompatibles a primer vista, a la vez que comienzan a aparecer egresados de Licenciaturas de más reciente expansión -como Relaciones Internacionales- que también compiten con los comunicadores en diversos campos profesionales. En este sentido, al menos en una gran parte del país los empleadores continúan con la tendencia a ubicar a los comunicólogos trabajando en los medios -en el mejor de los casos en la publicidad- y no lo identifican trabajando en una empresa, sea cual sea su carácter. Aunado a este panorama, es creciente el número de empleadores que, conociendo las características y la formación del comunicador, reconocen que no está dotado de los conocimientos, competencias y habilidades requeridas para formar parte de su empresa, por lo que prefieren contratar a egresados de otras Licenciaturas".

Para colmo las verdaderas actividades de los profesionales de las relaciones públicas recurrentemente han sido empañadas por las ofertas de empleo que consignan los anuncios clasificados de los diarios. Carlos Bonilla atinadamente lo señala en esta obra.

Por tal motivo algunos profesionales de las relaciones públicas afirman -no sin cierta ironía-, que las relaciones públicas en México -como también en muchos países de América Latina-, admiten ser consideradas como una especie de disciplina "surrealista", pues primero es indispensable establecer qué no son para entonces proceder a definirlas. En los años recientes, con admirable perseverancia los profesionales de las relaciones públicas se han encargado de despejar muchos de los negativos estereotipos que empañaban la relevancia, el profesionalismo y la honestidad de su trabajo. Carlos Bonilla precisamente es uno de ellos.

En su destacadísima trayectoria profesional, Carlos siempre ha destinado el tiempo necesario para realizar actividades docentes, sensible a la necesidad de compartir las experiencias y conocimientos que ha adquirido con nuevos profesionales de las relaciones públicas, desde la difícil trinchera del espacio aúlico.

En 1984 tuve el privilegio de conocer al licenciado Carlos Bonilla, quien entonces se desempeñaba como director de la carrera de Relaciones Públicas y Comunicación en la Universidad Latinoamericana, en la ya legendaria colonia Del Valle de la Ciudad de México.


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Mi afortunado encuentro con Carlos -hoy puedo comprenderlo-, fue definitivo en mi formación. Él me infundió el entusiasmo necesario para incursionar en la docencia y la investigación de las ciencias de la comunicación. Seguramente no soy la única persona a la cual Carlos, a través de sus palabras, generosidad y ejemplo ha motivado para advertir la importancia de la expresividad del ser, la comunicabilidad, nuestra fatalidad dialógica. Me considero afortunado y reconozco en Carlos a uno de mis mejores maestros.

Con esta obra -puntual e indispensable- damos inicio a una nueva colección, dedicada a los temas de comunicación. Años atrás algunas editoriales, como Trillas, por ejemplo, depositaron su confianza en comunicólogos mexicanos. Gastón Melo Medina -obligada referencia- convenció al empresario editorial Carlos Trillas sobre la necesidad de publicar obras de reconocidos comunicólogos mexicanos.

Hoy no pocas de las casas editoriales que publican obras de académicos e investigadores de la comunicación prefieren publicar libros de autores extranjeros. No todas las obras publicadas valen la pena.

Enrique Callejas, funcionario de CECSA, nuevamente nos ha afirmado la confianza delegada al Proyecto Internet del Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México, estimulándonos a emprender una nueva responsabilidad editorial.

Es imposible precisar cuántas obras conformarán nuestra nueva colección. Únicamente el tiempo -ese felino alado, como lo adjetivaba el destacado historiador chihuahuense José Fuentes Mares-, será capaz de resolver el enigma. Tendremos que ser pacientes y perseverantes. El comienzo sin duda alguna resulta muy prometedor. La obra de Carlos Bonilla efectivamente responde a una genuina necesidad, y seguramente se convertirá en obligada referencia de estudiantes y empresarios, deseosos de conocer lo que verdaderamente debe hacer el profesional de las relaciones públicas.

¡Qué mejor manera de dar inicio a esta nueva colección de temas de comunicación con CECSA, que esta estupenda obra de Carlos Bonilla!.

Octavio Islas
Proyecto Internet
Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.

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